Así que, con el más profundo agradecimiento, en nombre de los scientologists de todos los rincones del globo, este es el día en que celebramos lo que su dedicación, integridad y persistencia en los ideales significará ahora para todos los ciudadanos de España.
Así que gracias por todo lo que habéis hecho.
Así que en este día hay muchas razones para hacer una celebración.
Sin embargo, esas razones no son tanto por lo que hemos conseguido en el pasado sino en realidad, por lo que podemos conseguir ahora en el futuro.
En lo que a eso se refiere, lo que tenéis delante es una magnifica nueva iglesia.
Sin embargo, la mayor significación de lo que esta iglesia representa, se extiende mucho más allá de sus muros y, verdaderamente, por todo el mundo.
Porque cuando cortamos la cinta, no sólo celebramos este nuevo monumento, sino cómo este monumento servirá entonces como un centro, como un hogar para traer la ayuda que este mundo necesita tan desesperadamente.
Lo que quiere decir que todo el tiempo y el esfuerzo de tantos individuos buenos y dedicados, trabajando durante el pasado año para crear esta iglesia, no es sino el telón de fondo de la inauguración de hoy en que comienza el verdadero trabajo.
Hoy estamos ante un punto crucial en la historia.
En juego está el que los ideales que valoramos sobrevivan o que salga triunfante algún código de valores abominables.
Y si ese declive ha sido evidente a lo largo del siglo pasado, continúa sin parar en este.
Los sucesos del 11 de septiembre nos sirvieron como “llamada de alerta” a todos nosotros.
Y por si hubiera alguna duda, recibimos otra el 11 de marzo.
Cuando uno se tiene que preocupar por la seguridad de los ciudadanos del mundo moderno, cuando las soluciones se limitan al uso del poderío militar, es obvio que los problemas que encaramos son mucho más profundos.
Es una situación que ninguno de nosotros puede ignorar.
Son condiciones que todos debemos encarar.
Son problemas de los que todos debemos tomar responsabilidad para resolver.
Sin embargo, miren al mundo alrededor, hablen con la gente, y oirán:
“¿Pero qué puedo hacer yo al respecto?
“Yo soy yo sólo”.
Y ahí está el problema real.
Pues la verdad del asunto es que vos y yo somos la fuerza más poderosa en esta tierra de Dios.
Y no, no estoy sólo hablando de los titulares internacionales diarios sobre la guerra y los conflictos.
El hecho es que este no es sino el último capitulo del drama que ha continuado desarrollándose durante los últimos milenios.
La guerra, hombre contra hombre, nación contra nación.
Y si hoy es diferente, es sólo porque las armas son mayores.
Pero este es realmente el asunto.
Al vernos golpeados por los titulares diarios, las alertas de terrorismo y todo lo demás, se oscurece el más serio, más profundo problema que subyace a todo.
El propio hombre.